05/05/2011 - IN MEMORIAM DE EMILIANO ÁLVAREZ

LUCHADOR DE CARBAJOSA DE LA SOBARRIBA
Cadrilada de molinero, cadrilona a puro huevo…

Ahora que ya no estás Emiliano, voy a desobedecerte y hacer lo que nunca quisiste que hiciera, hablar de ti, hablar de lo que me has contado, hablar de lo que compartimos.

Porque, al contrario de uno de los muchos refranes con los que le ponías salero a aquellos filandones sobre los aluches que tantas veces tuvimos, agua pasada si mueve molino, vaya si mueve, mueve hasta montañas aunque fueras de la ribera, de Carbajosa, o de la Sobarriba que es una especie de montaña de la ribera. Decías que en ningún prao estabas más a gusto que en uno donde hubiera luches. Quizás por eso se os veía tanto por los corros que ningún otro luchador se le ha visto más en las aluches que a Elías, Castor y a ti. Se dice pronto “80 años rodando por los corros…y no me canso de caer…” a ver los que me quedan cerca. A veces parecía que ibais a saltar al corro de la chispa esa que teníais los luchadores de antes. Tus comentarios tan finos llenos de simpatía “La cadrilada de molinero no se llama cadrilada sino cadrilona porque va a uno ahí al tran tran, a puro huevo, si iba un carro de sacos ¿no iba a ir un paisano? Porque ya sabes el dicho, espaldas de molinero y gochos de panadera, no se hallan dondequiera.” Pues eso Emiliano, un paisano como tú no se halla dondequiera.

         Hablar de ti…Qué contar de un hombre que siempre fue cinco, las más de las veces tres. Siempre afable, gracioso, cariñoso, compartiendo un chato vino y una raspa de jamón, porque como decías: “Pide su agua todo molino, y todo molinero pide su vino. Mientras tiene agua el molino, el molinero bebe vino”. 

         Te enfadabas de la fama de los molineros, de gandules, de engañar con la maquila. “Nací en un molino, de padre molinero, molinero fui, molinero soy, molinero luchador para siempre quedaré…” Siempre perspicaz, listo como el hambre, espabilao, fuente de anécdotas, de datos, de nombres, de parentescos. Tu infancia en la Venta los Ajos donde os hacía luchar tu padre, los recuerdos de aquellos corros en Carbajosa hasta con nieve a veces, donde el Tío Ramón de SanFelismo cuidaba de que no se deshiciera el corro a chaquetazos mientras tú, acurrucado entre las piernas de la gente, no perdías detalle de aquellas medias vueltas que parecían ser enteras de tan bien que las echaban. Allí agazapado esperando la mínima ocasión para plantarte en el corro como en el Campo de San Mamés en 1934 cuando en la lucha de rapaces con 11 años sólo te pudo vencer Eutiquiano de SanFelismo que con sus 15 años te “sacaba a la cadrilada como a un pajarín.”

Y ver a tu padre allí orgulloso, era el mayor premiazo del mundo. Ese era el único acicate que necesitabas para echarte al corro, andar por allí padre y salir a fiar a Elías, Castor, o incluso años más tarde a Patricio y Luis. Mira elegante: “de aquella se luchaba por luchar, no se buscaba el premio ni la admiración, allí se ponía en juego algo más gordo, lo que ni se compra ni vende porque no tiene precio, la honrilla y el honor del pueblín y los tuyos, por poner a prueba lo que sabías con otro que habías oído que luchaba bien y ganarle por elegancia. Bueno y si te llevaba a cenar a su casa una moza ya era la gloria…porque de aquellas, al que quedaba gallo del corro, se pegaban por invitarte a cenar, el que habías tirao mismamente, aquello era una picadilla bien entendida, había un orgullo en el ganar y el perder que yo no siempre ganaba…lo que más gané yo en la lucha fueron amigos, fíjate el tiempo que hace y nos encontramos por ahí y siempre hay cosas que hablar.”

         Emiliano fuiste un precedente en muchas cosas, fuiste el primero en ir a Canarias y apercuñar al Faro de Maspalomas “que fíjate como sería que, yo que era buen mozo, parecía una linterna a su lado”, comentabas con gracia… pero “me agarré a él y pensé o va el Faro o me caza como a una paloma, y lo entorné con todo lo largo que era y la gente enmudeció pero luego aplaudían a más no poder.” Aquella hazaña de David contra Goliat, porque Emiliano pesaba sólo 78 Kg. y el Faro de Maspalomas rondaría los 110 kg., fue tan nombrada que salió hasta en el MARCA.

Pero antes Emiliano “el molinero” ya se había forjado un nombre en aquellos corros de la posguerra cuando Tino el de Paradilla no tenía rival en pesados y le empezó a salir Emiliano que aún siendo amigos, entre la picadilla que había entre Paradilla y Carbajosa, en aquellos corrines de pueblo todavía auténticos y llenos de fervor por los aluches, tiró por primera vez a Tino, luego vendrían otras.

         Recordaba Emiliano con cariño, casi ternura, el corro de aluches que se hizo en la Corredera de 1941 días antes del día Santiago.

         “Mira elegante y esto no se lo cuentes a nadie, asique no lo metas en el cacharro ese. Aquel día estábamos de cháchara en el molino y paró uno de Villaturiel que volvía de León y nos contó que cómo no habíamos bajado a luchar que se hablaba mucho por la calle del corrazo que estaban preparando. Yo cogí a Castor y Elías y para allá que fuimos. Oye, vaya concurso ¡con altavoces y tribunas y todo! El caso es que se lió la luche y Castor con 13 años acabó con todos los rapaces y quedó campeón. Y llegamos a pesados y Elías por un lao y yo por otro empezamos a tirar luchadores Félix el de Viego que luchaba poco por aquí pero nos tiró a Tino y a mí varias, Marcelino el de tu pueblo que luego lo dejó, Rufinón de La Vecilla, Eugenio Gutiérrez, de Garrafe, Gelasio Cascallana de Villaverde, Victorino Díez, de Lugán, José Presa, de Quintana de Rueda, José López, de Ambasaguas, Carlos Presa, de Quintana, Virgilio Bayón, de La Mata, Olegario Fernández de Villamondrín, Cayetano Canseco, de San Feliz del Torío que era muy elegante luchando, Víctor Chana de La Mata, Cipriano de Horcadas, Flaviano de Villaobispo que era un atleta , Eutiquiano, de SanFelismo, que era agarrarte y si te sacaba de daba más vueltas que el tío vivo, Jaime González de Cerezales del Condado, Román Crespo, de Carbajosa que luchaba muy bien y del que la gente no habla…, Arturo Vega, de Villaverde de Sandoval que era un lince trancando, Liborio Llorente de Mansilla Mayor que te despegaba sin que te dieras cuenta pero no tenía fuelle; Heriberto Pertejo, de Toldanos éste yo no sé porque no salía más a luchar porque nos tiraba a cualquiera, Emilio Zapico Arriola, este era estudiante y yo creo que se preparaba algo porque de trabajar no estaba… tu mira que despliegue había allí en la Corredera… había mejor plantel que en el provincial, total que a la mitad al mi Elías le tocó con Licinio el de Llamera, y las tuvo tiesas, Licinio era muy nombrao entonces porque echaba unas cadriladas como relámpagos y era mucho paisano. Total que Elías perdió, y yo sólo quería que me echaran con él porque de aquella se emparejaba un poco a gusto de… el que mandara. El caso es que nos iban emparejando y no había manera de que me tocará con él y yo quería fiar a mi hermano y pensaba si me tira éste o le tiran a Licinio ya no llego a echarla con él, total que ese día luché como nunca, no por ganar, sino por miedo a perder y dejar sin honrar a mi hermano. Resumiendo que no hubo forma de que nos echaran juntos hasta la final…y quiso Dios que le gané y quedé campeón. Yo creo que como aquel día no volví nunca a luchar”.

         Otra anécdota muy simpática fue un día que tiraste a Tino y el público disconforme empezó a silbar a uno y otro porque creían que Tino no había hecho todo lo que sabía para ganar a Emiliano…vamos ¡que se había dejado perder!. Y tú te enfadaste y, una vez terminado el corro, echaste el reto junto con Castor y Elías a todos para que salieran del público o luchadores, y se formó otro corro ¡mejor que el oficial que se había celebrado! Luego, nadie ganó ni perdió porque todo se veía como un acto de honor o de honra.

         Viste y conociste cinco generaciones de luchadores y comentabas andanzas y peleas de unos y otros como si lo estuvieras viendo. Los luchadores de antes teníais ese don de recordar con pelos y señales sucesos de hace montón de años. Pero para tus ojos nadie podía igualar a Eutiquiano el de Nava. “Yo vi luchadores muy elegantes, no quiero nombrar a unos para no dejar a otros, pero como el de Nava ninguno, eso era para filmarlo. Por arriba, por abajo, a la espera, al ataque, daba todas las mañas, hacía unas cosas que yo no las volví a ver a nadie, parecía que jugaba con los tíos, eso era una superioridad que vamos…un fenómeno. Y de aquella había muchos y buenos ¡eh! pero ¡no había quien le metiera mano! Oye que lo dejó, a los quince años, siendo viejo, volvió a los corros y los cazó a todos... Pa´ mi el mejor, ya te digo, yo no vi al de Rucayo ni a Tino antes de lo de la pierna, pero de entonces para acá hasta los tuyos yo no vi otro igual. Mira hubo uno muy bueno de aquí, que su padre era algo amigo mío, Antonio el de Julián de Santibáñez que era un jijas pero se los ventilaba un día sí y otro también pero luchó poco, ese podía haber llegao lejos pero… De los de hoy el Junco y Héctor son de lo mejor, fuera de serie, estos son campeonísimos. Mira cuando vivía Tino lo hablamos un día con Liborio, estos dos tenían que luchar a diez caídas todos los días…”

         La épica de vuestros combates, de aquellos corros, no se perdió con el tiempo. Permanece en la memoria de la gente y fíjate que hasta Campohermoso llegó tu fama. Ahora te voy a contar Emiliano una cosa que no sabe casi nadie, la primera vez que yo oí hablar de ti, fue en boca de mi madre, que nunca te vio luchar. De chavala cuando iban a escavar las patatas cogían dos escarabajos y los echaban a luchar y los embriscaban uno era Paradilla y otro Carbajosa… en fin Emiliano, dale un abrazo a Elías que yo se lo daré a Castor…

Jose Antonio Robles Tascón
Campohermoso

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